Un equipo de investigadores demostró que la inteligencia artificial puede extraer información relevante sobre el estado de salud de una persona a partir de una simple fotografía del rostro. El estudio, publicado en la revista científica The Lancet, analizó cómo un sistema de IA puede estimar la edad biológica y detectar patrones asociados con la supervivencia de pacientes con cáncer.

El cardiólogo y divulgador Juan González Grima explicó en el programa Hoy, como siempre que estos resultados muestran el potencial de la tecnología para identificar señales que podrían pasar inadvertidas en la práctica clínica tradicional. De todos modos, advirtió que todavía falta tiempo y validación antes de que estas herramientas puedan incorporarse de manera efectiva a la atención médica cotidiana.

Para la investigación, los científicos utilizaron una base de datos con fotografías de pacientes y entrenaron un sistema de IA para reconocer patrones en los rostros. Uno de los primeros objetivos fue estimar la edad biológica de las personas.

Según Grima, el sistema logró hacerlo con un margen de error de aproximadamente cinco años. El modelo identificó patrones en zonas como las mejillas, los párpados y los pliegues de expresión para calcular la edad.

En el caso de los pacientes con cáncer, la IA detectó otros rasgos relevantes, como los pliegues entre las cejas y las características debajo de los ojos, asociados con la supervivencia a corto y mediano plazo. El análisis también observó que las personas cuyos rostros parecían mayores de lo que realmente eran solían presentar factores de riesgo como el consumo de tabaco.

Los especialistas aclararon que estos hallazgos no significan que una foto pueda diagnosticar una enfermedad por sí sola. Se trata de patrones estadísticos que requieren más estudios y validación antes de ser usados como herramientas clínicas.

En los pacientes con condiciones más extremas, el modelo también estimó posibilidades de supervivencia a 30, 60 y 90 días según las características faciales detectadas. Los resultados mostraron que quienes tenían rasgos más alejados de los patrones habituales presentaban una supervivencia considerablemente menor, aunque eso no implica un pronóstico definitivo para cada persona.

González Grima aclaró además que el sistema utilizado en la investigación no es un asistente de uso general como ChatGPT, sino un modelo específico para procesar información de salud. Por eso, no es posible obtener un diagnóstico confiable solo con una selfie ni trasladar estos resultados a cualquier aplicación de IA.

La aplicación clínica de esta tecnología depende de que sus resultados sean validados y se determine en qué situaciones pueden aportar información útil. Hasta entonces, el análisis facial con inteligencia artificial no reemplaza la consulta médica ni la evaluación profesional.

El cardiólogo también planteó que el avance obliga a los médicos a mantenerse actualizados frente a herramientas que evolucionan con rapidez. Como resumió González Grima, la medicina es esclava de la actualización.