Europa atraviesa una ola de protestas que se extiende por Francia, España, Portugal, Italia, Serbia y Albania. Las movilizaciones reúnen a miles de personas contra el encarecimiento de la vida, las dificultades para acceder a una vivienda y el deterioro de los servicios públicos.

Estudiantes y trabajadores encabezan buena parte de las manifestaciones, que en algunas ciudades derivaron en enfrentamientos con la policía, saqueos, incendios en monumentos históricos y detenciones. Pese a los anuncios oficiales, el descontento persiste y aumenta la presión sobre los gobiernos.

Francia, con reclamos educativos y salariales

En Francia, las protestas comenzaron a fines de septiembre con estudiantes secundarios que pidieron mejores condiciones educativas, más docentes y obras en las escuelas. También cuestionaron las extensas jornadas de estudio y la falta de transparencia en el sistema de ingreso universitario.

Luego se sumaron sindicatos y trabajadores, con exigencias de aumentos salariales, mejores pensiones y medidas frente al incremento del precio del combustible. El movimiento llegó a reunir a cerca de medio millón de personas en distintas ciudades.

La situación se agravó con episodios de violencia en París, Marsella, Lyon y Burdeos, donde se registraron incendios, saqueos, cientos de heridos y miles de detenciones. Emmanuel Macron condenó los ataques contra edificios públicos y fuerzas de seguridad, mientras el Gobierno anunció la contratación de 3.000 docentes suplentes, una mayor participación estudiantil en las decisiones escolares y la suspensión de determinados aumentos de tasas universitarias.

También se anunciaron subvenciones al combustible para algunas industrias. Sin embargo, las protestas continuaron e incluyeron bloqueos en los accesos al Museo del Louvre. Ante ese escenario, el Ejecutivo comenzó a evaluar restricciones en zonas específicas para contener los disturbios.

España y Portugal, con la vivienda en el centro del reclamo

En España, el acceso a la vivienda se convirtió en uno de los principales motores del malestar social. La Puerta del Sol, en Madrid, fue escenario de campamentos de protesta tras el desalojo de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años cuyo alquiler había aumentado un 230% y que luego falleció en el hospital.

Los manifestantes reclamaron congelar los alquileres, frenar los desahucios de personas vulnerables y regular los contratos temporales y por habitaciones. El reclamo se extendió a Barcelona y otras ciudades. En paralelo, docentes madrileños iniciaron una huelga indefinida por mejores salarios y condiciones laborales.

La presión social también tuvo impacto político. Pedro Sánchez intentó impulsar una legislación de emergencia que contemplaba la suspensión de los desahucios hasta 2030 y nuevas regulaciones para los alquileres. Sin embargo, el rechazo parlamentario a esas medidas llevó al mandatario a convocar elecciones anticipadas para el 29 de noviembre.

En Portugal, las manifestaciones llegaron a Lisboa y Oporto, donde cientos de personas protestaron contra el encarecimiento de la vivienda. Entre 2015 y 2024, los precios inmobiliarios aumentaron a más del doble, a un ritmo cercano al doble del promedio de la Unión Europea.

Italia y los Balcanes

En Italia, el movimiento “Italia en Piazza” reunió a miles de manifestantes que reclamaron mejores salarios, acceso a la vivienda y mejoras en la atención sanitaria y la educación pública. El malestar se profundizó en un contexto de inflación de 4,2% en septiembre, por encima del 3,8% registrado en la eurozona.

Las concentraciones pacíficas derivaron en disturbios en Milán, Turín y Bolonia. Grupos de encapuchados se enfrentaron con la policía, provocaron incendios y saquearon comercios. Los episodios dejaron detenidos y agentes heridos, mientras el Movimiento 17 de Octubre anunció movilizaciones para todos los sábados en distintas ciudades italianas.

El Gobierno de Giorgia Meloni evalúa endurecer las medidas de seguridad y reforzar la presencia militar en las calles. En ese marco, Matteo Salvini anunció el despliegue de 500 militares adicionales en Milán.

En Albania, las protestas contra el primer ministro Edi Rama sumaron la participación de estudiantes secundarios y universitarios, que se incorporaron al movimiento antigubernamental “Flamingo”. Las movilizaciones comenzaron durante el verano y estuvieron vinculadas inicialmente con el rechazo a un proyecto turístico de lujo en la costa, respaldado por Jared Kushner, yerno de Donald Trump.

Con el paso de las semanas, los reclamos se ampliaron para incluir la lucha contra la corrupción, la falta de empleo, las deficiencias educativas y la protección de los sistemas públicos de salud y pensiones. En Serbia, estudiantes universitarios también mantienen movilizaciones contra la corrupción, en medio de la tensión política por las elecciones parlamentarias del 25 de octubre.

El escenario refleja un malestar extendido en distintos países, con demandas específicas en cada caso: educación y salarios en Francia, vivienda en España y Portugal, poder adquisitivo y servicios públicos en Italia, y corrupción en los Balcanes.