El eclipse lunar parcial pudo observarse durante la madrugada de este viernes y tiñó de tonos rojizos y cobrizos al satélite natural. En Río Gallegos, la fotógrafa Romina Lescano logró registrar el fenómeno desde el barrio Procrear, pese a las nubes que por momentos amenazaron con ocultarlo.
La madrugada de este viernes tuvo como protagonista a uno de los fenómenos astronómicos más llamativos del año: un eclipse lunar parcial que pudo observarse desde gran parte de la Argentina y que convirtió a la Luna en una particular esfera rojiza.
En Río Gallegos, el fenómeno también pudo ser registrado y dejó postales especiales del cielo patagónico. La fotógrafa Romina Lescano siguió el desarrollo del eclipse desde el barrio Procrear y consiguió tomar fotografías de la Luna durante el momento en que adquirió su característica tonalidad rojiza.

La tarea no fue sencilla. Las nubes amenazaron durante buena parte de la noche con cubrir el cielo y dificultar la observación, pero finalmente se abrieron claros que permitieron captar el fenómeno.
El eclipse ocurrió cuando la Tierra se ubicó entre el Sol y la Luna, provocando que la sombra de nuestro planeta se proyectara sobre el satélite natural.
En este caso se trató de un eclipse parcial, por lo que la sombra terrestre no cubrió completamente la superficie lunar. En el punto máximo, aproximadamente el 93% del diámetro de la Luna quedó dentro de la umbra, la zona más oscura de la sombra terrestre.
La tonalidad rojiza que pudo observarse tiene una explicación física. Aunque la Tierra bloquea directamente buena parte de la luz solar que llega a la Luna, la atmósfera terrestre desvía y filtra parte de esa luz.

Los colores azulados se dispersan con mayor facilidad en la atmósfera, mientras que las tonalidades rojas y anaranjadas consiguen atravesarla y alcanzar la superficie lunar. Por ese motivo, durante un eclipse la Luna puede adquirir tonos cobrizos, anaranjados o rojizos, un fenómeno popularmente conocido como “Luna de sangre”.
El color y la intensidad que presenta la Luna durante el eclipse pueden variar de acuerdo con las condiciones de la atmósfera terrestre.
Desde Río Gallegos, el eclipse comenzó durante la noche del jueves 27 de agosto. La fase penumbral se inició a las 22:23, mientras que el eclipse parcial comenzó alrededor de las 23:33.
El momento de máximo eclipse se produjo a la 1:12 de la madrugada del viernes, cuando la Luna se encontraba a unos 47 grados sobre el horizonte. La fase parcial finalizó aproximadamente a las 2:51, mientras que todo el evento, incluida la fase penumbral, concluyó cerca de las 4:01.
A diferencia de los eclipses solares, los eclipses lunares pueden observarse a simple vista sin riesgo para la visión, por lo que no era necesario utilizar filtros o gafas especiales para disfrutar del espectáculo astronómico.
En medio de las condiciones cambiantes del cielo, Romina Lescano permaneció atenta desde el barrio Procrear para intentar capturar el momento.
Las nubes, habituales protagonistas del cielo de la Patagonia austral, por momentos parecían poner en riesgo la posibilidad de obtener una imagen clara. Sin embargo, los claros finalmente permitieron que la Luna volviera a aparecer y que la fotógrafa pudiera registrar su transformación.

La imagen tomada desde Río Gallegos se suma así a las postales que dejó un eclipse que fue visible durante la noche y madrugada en amplias regiones de América y que alcanzó una cobertura cercana al 93% de la Luna.
Más allá de su belleza, el fenómeno volvió a recordar que el cielo patagónico también ofrece espectáculos naturales capaces de convertir una madrugada cualquiera en una experiencia extraordinaria.
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