La salida de Flávio Bolsonaro de Brasil a través de Argentina, horas después de perder el balotaje frente a Lula da Silva, desató una crisis diplomática entre ambos países. El senador, investigado por presunto lavado de dinero, tenía una orden del juez Alexandre de Moraes que le prohibía salir del país y le exigía entregar sus pasaportes.

De acuerdo con el registro oficial de la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina, Bolsonaro ingresó al país junto a su esposa y sus dos hijas con documentación válida y sin impedimentos legales registrados. Cuarenta minutos después, a las 23:30, abordó un vuelo privado de la empresa Baires Fly S.A. con destino declarado a Guayaquil, Ecuador. Desde allí, medios brasileños y estadounidenses indicaron que su destino final sería Miami.

La aeronave, un Gulfstream G400 con matrícula argentina, es la misma que Javier Milei utilizó para viajar a Estados Unidos tras su elección en 2023. Medios argentinos también reportaron la presencia de Santiago Caputo, asesor presidencial, en la zona al momento de la partida.

En un primer momento, el gobierno argentino negó tener conocimiento del ingreso. Más tarde, Migraciones confirmó el tránsito y el embarque. El vocero presidencial, Adrián Ravier, había afirmado que no había ningún pedido de asilo.

El empresario mexicano Simón Levy, vinculado a círculos pro-Trump, sostuvo en A24 que Milei estaba al tanto de la operación, a la que llamó «Operación Alba», y afirmó que «gracias al presidente Milei, hoy Flávio está vivo». No presentó pruebas públicas.

La justicia brasileña investiga al senador en al menos dos causas en el Supremo Tribunal Federal: una por lavado de dinero y evasión de divisas a través de plataformas de apuestas online, y otra por presuntas irregularidades en el financiamiento de la película Dark Horse, sobre la vida de Jair Bolsonaro.

La relación entre Argentina y Brasil ya estaba deteriorada. Milei había apoyado abiertamente a Flávio durante la campaña, viajó a Brasil para participar de su convención y calificó a Lula de «ladrón» y «presidiario». Tras el triunfo de Lula, el Gobierno argentino no emitió un saludo oficial.

Lula calificó la salida de Flávio de «vergonzosa» y dijo que «quien sale escondido de su país es porque debe alguna cosa». En Argentina, la oposición pidió explicaciones y acusó al Gobierno de facilitar la fuga. Brasil había alertado a Argentina sobre el riesgo de fuga, y una de las dudas que ahora busca responder la justicia brasileña es cómo el senador cruzó la frontera sin ser detenido.