La mortandad de ballenas francas australes en las costas de Chubut sigue bajo investigación y, por ahora, no hay una única explicación. La información reunida hasta el momento sugiere que podrían estar ocurriendo más de un fenómeno a la vez.
El CENPAT-CONICET informó que especialistas de distintas instituciones trabajan sobre los animales encontrados muertos, con toma de muestras, necropsias y análisis de posibles agentes infecciosos y factores ambientales. La pesquisa se desarrolla dentro del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, junto con organismos provinciales, la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y la Red de Fauna Costera de Chubut.
La Secretaría de Ambiente provincial calificó lo ocurrido como una “situación sanitaria inusual” y confirmó que el operativo incluye estudios científicos y microbiológicos.
En las crías, los análisis realizados sobre más de 100 muestras correspondientes a 29 ballenatos detectaron la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, asociada a casos de septicemia en cetáceos. La información oficial indica que ese hallazgo aporta una pista importante, aunque todavía no permite atribuir automáticamente esa causa a cada muerte registrada.
Como antecedente, en 2016 un equipo de investigadores del CENPAT-CONICET y la Universidad de Buenos Aires había publicado un estudio sobre esa misma bacteria en crías de ballena franca austral de Península Valdés. En aquel trabajo, se analizó a nueve ballenatos con heridas provocadas por gaviotas cocineras, y en dos casos se identificó la bacteria mediante cultivo y PCR.
Los investigadores plantearon entonces que las lesiones podían funcionar como puerta de entrada para microorganismos potencialmente patógenos, aunque no pudieron determinar si la bacteria fue la causa directa de la muerte del ballenato estudiado ni asegurar que las gaviotas fueran necesariamente las transmisoras.
El cuadro observado en las ballenas adultas es distinto. Según el informe oficial, hasta ahora no presentan signos preliminares compatibles con el mismo problema bacteriano detectado en las crías. Por eso, los especialistas evalúan otras posibilidades, entre ellas la exposición a toxinas producidas por floraciones algales nocivas, conocidas como “marea roja”.
Para esa hipótesis se prevén muestreos de agua y moluscos en los golfos Nuevo y San José, además de estudios de temperatura, parámetros fisicoquímicos y patógenos presentes en el agua. También se analizan posibles vínculos con variables climáticas y atmosféricas.
El antecedente de 2022 vuelve a estar en el centro de la escena: en la primavera de ese año, una intensa floración algal nociva en el Golfo Nuevo dejó 30 ballenas francas australes muertas entre el 24 de septiembre y el 11 de octubre. Luego, estudios del CENPAT demostraron que las toxinas podían desplazarse a través de la red alimentaria marina y detectaron toxinas paralizantes incluso en materia fecal de ballenas vivas.
Por ahora, los científicos insisten en separar ambas líneas de investigación. Las muestras de animales muertos, agua, moluscos y antecedentes epidemiológicos siguen siendo claves para determinar qué está detrás de la actual mortandad en Chubut.