El costo de vida en Río Gallegos volvió a quedar en el centro del debate luego de que el último relevamiento del Observatorio Económico de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) ubicara a la capital de Santa Cruz como la ciudad con la Canasta Básica Total más elevada de la Patagonia durante julio.
El dato expone una problemática que atraviesa de manera directa a los hogares de la región: el elevado precio de los alimentos y el costo que implica sostener una familia en una ciudad alejada de los principales centros de producción y distribución del país.
De acuerdo con el informe, una familia tipo necesitó en julio $2.017.968 para cubrir la Canasta Básica Total en Río Gallegos, mientras que en Caleta Olivia el valor alcanzó los $2.014.051. Comodoro Rivadavia se ubicó en el tercer lugar del ranking regional.
El escenario fue analizado por César Vicente Herrera, director del Observatorio Económico de la UNPSJB, durante una entrevista con Radio LU12 AM680. El especialista puso el foco no solamente en el monto final que deben afrontar las familias, sino también en los mecanismos que intervienen en la formación de los precios.
Herrera explicó que las últimas mediciones muestran que Río Gallegos atravesó distintos umbrales que permiten dimensionar el impacto del costo de los alimentos sobre los ingresos familiares.
Uno de los indicadores señalados por el economista es el correspondiente al denominado adulto equivalente, utilizado para calcular las necesidades alimentarias de una persona según parámetros establecidos para la medición de la canasta.
En julio, esa referencia superó los $400.000 solamente para cubrir las necesidades alimentarias. Para una familia compuesta por una mujer adulta y dos niños pequeños, el costo de los alimentos trepó por encima de los $900.000, mientras que la Canasta Básica Total para un hogar tipo superó finalmente los $2 millones.
Los números permiten dimensionar el peso que tiene la alimentación dentro del presupuesto familiar y, a la vez, muestran cómo las particularidades de la economía patagónica terminan trasladándose al precio que pagan los consumidores.
Ante este panorama, Herrera planteó la necesidad de analizar alternativas desde las políticas públicas que permitan intervenir sobre algunos de los factores que inciden en el precio final de los productos.
Entre las posibilidades mencionadas aparece la creación y fortalecimiento de mercados concentradores, espacios que podrían facilitar una relación más directa entre productores y comerciantes y reducir la cantidad de intermediarios que intervienen en determinadas cadenas de comercialización.
La propuesta apunta especialmente a aquellos productos que llegan a Santa Cruz desde otras regiones del país y que atraviesan diferentes etapas antes de llegar a las góndolas de los comercios locales.
En ese sentido, el especialista consideró necesario estudiar cómo generar mecanismos que permitan establecer acuerdos directamente con productores y analizar, al mismo tiempo, la relación existente con los supermercados de las distintas ciudades patagónicas.
Río Gallegos ya cuenta con un mercado concentrador, pero el planteo abre el debate sobre la posibilidad de fortalecer este tipo de herramientas y ampliar su impacto sobre la comercialización de alimentos en la región.
Otro de los aspectos abordados por Herrera fue el cambio en los hábitos de consumo que se observa en distintas ciudades de la Patagonia.
Según explicó, los supermercados vienen registrando una disminución de sus ventas cuando se las analiza en términos reales, es decir, descontando el efecto de la inflación. También se observa una caída en la cantidad de operaciones realizadas.
Al mismo tiempo, los supermercados mayoristas ganan participación, una tendencia que puede interpretarse como una respuesta de los consumidores frente a la necesidad de buscar alternativas para reducir el gasto cotidiano.
En un contexto donde los ingresos familiares pierden capacidad de compra, las decisiones de consumo comienzan a modificarse. Comprar mayores cantidades, buscar precios más bajos o recurrir a otros formatos comerciales son algunas de las estrategias que adoptan los hogares para intentar sostener el presupuesto mensual.
Herrera también destacó la presencia de los supermercados chinos en distintas localidades de la Patagonia y señaló que se trata de un fenómeno que merece ser estudiado en profundidad.
Como referencia, mencionó el caso de Comodoro Rivadavia, donde se encuentran relevados 28 supermercados de este tipo, con una cantidad significativa de operaciones comerciales.
Para el director del Observatorio Económico, el comportamiento de los supermercados tradicionales, el crecimiento de los mayoristas y la expansión de otros formatos comerciales forman parte de un mismo escenario que debe ser analizado de manera integral, especialmente frente a la situación económica que atraviesa la Patagonia sur.
La modificación de los hábitos de compra no responde únicamente a una cuestión comercial: también refleja las estrategias que desarrollan los consumidores ante el aumento del costo de vida.
Uno de los factores que históricamente aparece al momento de explicar el elevado costo de los productos en Santa Cruz es el transporte. La distancia respecto de los grandes centros productores y las características geográficas de la región hacen que el componente logístico tenga un peso importante.
Sin embargo, Herrera planteó que el flete no constituye el único elemento que explica los precios finales.
El especialista señaló que también es necesario estudiar cómo se forman los precios a lo largo de toda la cadena comercial: desde quién produce y a quién vende, hasta los mecanismos mediante los cuales los productos llegan a los comercios de la Patagonia.
En particular, el Observatorio se encuentra analizando el mercado de frutas y verduras como un modelo que permite observar el comportamiento de los distintos actores que participan de la cadena de abastecimiento.
De esta manera, el debate deja de centrarse exclusivamente en el costo del traslado y comienza a incorporar otros componentes, como la intermediación, los márgenes comerciales, los volúmenes de compra y las condiciones de abastecimiento.
Otro de los avances destacados por Herrera está relacionado con la metodología utilizada por el Observatorio Económico para elaborar sus mediciones.
El organismo comenzó a implementar un sistema de cálculo automatizado de la canasta básica para Comodoro Rivadavia y proyecta replicar el mecanismo en otras ciudades patagónicas.
La automatización permitiría agilizar la elaboración de los datos y generar información con mayor precisión sobre la evolución del costo de vida en las distintas localidades.
Para una región con características económicas y geográficas particulares como la Patagonia, contar con estadísticas propias resulta clave para comprender las diferencias existentes respecto de otras zonas del país.
El desafío, en este contexto, no pasa solamente por determinar cuánto cuesta vivir en Río Gallegos, sino también por identificar por qué los precios alcanzan determinados niveles y qué herramientas podrían utilizarse para reducir el impacto sobre los consumidores.
Los datos difundidos por el Observatorio vuelven a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa desde hace años a Santa Cruz: el elevado costo de los productos y las dificultades que enfrentan los consumidores patagónicos para acceder a bienes esenciales a precios similares a los del resto del país.
La distancia, el transporte y la logística forman parte de la explicación, pero el análisis planteado por Herrera incorpora otros factores vinculados con la estructura comercial y la formación de precios.
En ese escenario, la creación y fortalecimiento de mercados concentradores aparece como una de las alternativas a evaluar, especialmente para determinados rubros alimenticios. La posibilidad de generar vínculos más directos entre productores y comerciantes podría contribuir a reducir intermediaciones y mejorar las condiciones de abastecimiento.
Mientras tanto, los cambios en los hábitos de compra, el crecimiento de los mayoristas y la búsqueda constante de precios más convenientes muestran que los consumidores ya están adaptándose a una realidad en la que sostener el presupuesto familiar demanda cada vez mayores esfuerzos.
El desafío para Río Gallegos y para la Patagonia, según el planteo del Observatorio Económico, consiste ahora en pasar de la medición del problema a la búsqueda de herramientas concretas que permitan intervenir sobre las causas que explican el elevado costo de vida regional.
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