Los antibióticos son una herramienta clave para tratar infecciones causadas por bacterias y han permitido salvar millones de vidas. Sin embargo, el uso prolongado también puede favorecer la resistencia de los microorganismos, un problema de salud pública en crecimiento.
Especialistas del Hospital Italiano explican que, en determinadas infecciones, los esquemas más cortos resultan tan eficaces como los tratamientos más largos y, además, pueden reducir efectos no deseados. La Dra. María Inés Staneloni, del Comité de Control y Prevención de Infecciones, señaló que el objetivo es usar el antibiótico adecuado durante el tiempo necesario para curar la infección, evitando efectos adversos y la aparición de resistencia.
La médica explicó que en el cuerpo conviven bacterias “buenas” y otras que pueden causar enfermedades, y que los antibióticos afectan a ambas. Cuanto más tiempo se usan, mayor es la posibilidad de que sobrevivan y se multipliquen las bacterias resistentes. En la misma línea, la Dra. Corina Nemirovsky indicó que la evidencia disponible demostró que en algunas situaciones se puede indicar un esquema más corto, con menos riesgos de diarrea, malestar abdominal y otros efectos, además de preservar la microbiota.
Más de un centenar de estudios compararon esquemas cortos con otros más largos y encontraron resultados equivalentes en distintas infecciones. Esa evidencia permitió acortar tratamientos que antes se extendían de manera habitual, basados en opiniones de expertos y en estudios científicos.
Entre las infecciones en las que la evidencia respalda tratamientos más breves se encuentran algunas neumonías de la comunidad, ciertas infecciones urinarias complicadas y algunas infecciones de la piel. En esos casos, cinco a siete días pueden ser tan eficaces como esquemas de diez a catorce días, según el cuadro clínico y el antibiótico indicado.
La Dra. Vanina Stanek remarcó que no todos los tratamientos duran cinco días y que la duración depende de la infección y de la evolución de cada persona. También aclaró que algunas infecciones, como las de los huesos, los abscesos no drenados o la tuberculosis, siguen requiriendo tratamientos más prolongados.
Los especialistas advirtieron además que un tratamiento corto indicado por un profesional es distinto de interrumpir por cuenta propia una medicación prescripta. Si al finalizar el esquema persisten los síntomas, recomiendan volver a consultar, ya que prolongar o cambiar el antibiótico sin evaluación médica puede retrasar el diagnóstico correcto.
Finalmente, recordaron que los antibióticos no sirven para tratar infecciones virales, como la gripe o la mayoría de los resfríos. Su uso sin indicación puede provocar efectos adversos y favorecer la resistencia. También pidieron no reutilizar sobrantes de tratamientos anteriores ni compartirlos con otras personas.