Científicos en Alemania lograron que células tomadas de personas de unos 80 años parecieran tener cerca de 20 después de someterlas a un proceso de reprogramación. El efecto fue tan marcado que uno de los relojes usados para medir el envejecimiento celular retrocedió varias décadas.

Los investigadores partieron de células de sangre de personas de distintas edades, incluido un donante de 101 años, y las llevaron a convertirse en células capaces de dar origen a células del sistema nervioso. A medida que avanzó esa transformación, también cambiaron las señales químicas en el ADN que ayudan a estimar la edad de una célula.

La transformación de precursores de glóbulos rojos a células madre neurales fue paulatina. Con el paso de las semanas, las células reprogramadas borraron buena parte de las señales que distinguían a las viejas de las jóvenes. Oliver Brüstle, autor líder del estudio y director del Instituto de Neurobiología Reconstructiva del Hospital Universitario de Bonn, sostuvo en un comunicado universitario que ese rejuvenecimiento epigenético hace que las células se comporten como células jóvenes.

De acuerdo con el artículo publicado en Aging Cell, en aproximadamente 50 días el reloj celular había retrocedido décadas. La Universidad de Bonn señaló que los investigadores siguieron la transformación durante más de 100 días. Una vez establecidas, las células también habían perdido varias características asociadas con la vejez.

El reloj siguió retrocediendo incluso cuando los científicos redujeron de forma drástica la capacidad de las células para multiplicarse. Eso mantiene abiertas varias hipótesis: el aparente rejuvenecimiento podría no explicarse solo porque las células nuevas se multiplicaran una y otra vez, aunque el mecanismo que borra esas huellas de edad todavía no está claro.

Los autores plantean que, si realmente las células pierden parte de su edad biológica, el procedimiento podría servir para estudiar cómo borrar rasgos del envejecimiento sin devolver una célula por completo a un estado embrionario. También podría ayudar a producir células más jóvenes a partir de pacientes mayores para investigación o medicina regenerativa.

Sin embargo, existe otra posibilidad: que las células no hayan rejuvenecido tanto como parece, sino que al cambiar de identidad hayan empezado a verse más jóvenes ante ese reloj. Los propios autores reconocen esa limitación. Una célula de la sangre y una célula del sistema nervioso no muestran exactamente las mismas señales asociadas con la edad, por lo que parte del retroceso podría deberse a la transformación misma.

Por ahora, todavía no se comprende por completo qué hace que una célula envejezca ni cuál es la mejor manera de medirlo. La reprogramación permite observar qué rastros de la vejez desaparecen cuando una célula adopta otra identidad, cuáles permanecen y cuáles cambian simplemente como consecuencia de esa transformación.

Fuente: WIRED